Medellín, Colombia

No todas las ciudades tienen el encanto que tiene Medellín. Y es que entre una ciudad que parece más capital que la propia capital, un ambiente de fiesta que se siente por todas las calles y una gastronomía exquisita… Querer permanecer en esas tierras por días y días es una fantasía muy rica de describir.

A diferencia de otros destinos en los que se hace uso de un hotel, en esta ocasión opté por probar un servicio de Airbnb durante mi estadía en esta ciudad y fui acogido por un colombiano muy amigable quien, aunque no estuvo conmigo todo el tiempo, siempre pudo explicarme a dónde ir y cómo moverme de forma local ahorrándome unos pesos.

Mi primer día en esta ciudad llegué del aeropuerto y fui rumbo hacia la casa de mi host. Lo primero que pude observar es que es una ciudad inmersa en un valle por lo que las calles son irregulares y explica porqué el 70% del transporte en la ciudad son motos y motonetas.

Una vez llegada a la casa de mi estadía, me gustó bastante el lugar que, a pesar de ser un lugar pequeño, tenía una vista impresionante de la ciudad. Opté por salir y caminar para conocer las calles, pues no hay otra forma más directa que conocer otra cultura que viviendo en ella.

La calle principal lleva al Centro de la ciudad donde están un sin fin de comercios por todos lados, justo allí es donde se nota el choque cultural. No sabía decir si es por la gente, el ambiente o la flora que existe, pero justo en ese momento fue cuando me percaté que ya no estaba en un lugar conocido sino a kilómetros de casa.

Si preguntas sobre lo que hay que ver en Medellín todos los “paisa” terminan por recomendarte la Universidad, el Planetario, Parque Pies Descalzos, Pueblito Paisa, el metro de la ciudad, Plaza Botero, entre las muchas iglesias que también hay en la Ciudad.

Por mi parte, un día bastó para poder conocer todas estas atracciones, en donde recomiendo mucho Pueblito Paisa y El Poblado, la zona más exclusiva de la ciudad donde cuadras y cuadras de puros bares y vida nocturna te hacen pensar que estuvieras en una fiesta eterna.

En mi primer día conocí obras del maestro Botero, y tuve la oportunidad de conocer su Universidad así como el famosos Jardín Botánico de Medellin donde pude dormir un poco a la sombra de un árbol. Pueblito paisa está en la punta de un cerro donde ver la ciudad iluminada es hermoso, además que se trata de una muestra muy tradicional de la vieja Colombia. Para la noche, los bares del centro te muestran la realidad de la ciudad, codo a codo bailando reguetón y bachata en la cuna que los vio nacer es como ir a Argentina y bailar tango o estar en México cantando mariachi.

Mi segundo día en esta ciudad compré un tiquete de bus, la forma en que conocen a los camiones de transporte allá, rumbo a un pueblo muy colorido llamado Guatape en Antioquia, dos horas de la ciudad de Medellín.

En este pueblo se puede subir un monolito donde existe la historia de un señor que se retó a subir hace muchos años abriendo paso al senderismo. Ahora existe una estatua en su honor en dicho lugar. Actualmente se sube por medio de escaleras, un total de 750 escalones. Desde arriba se puede ver la presa, una formación que en primer instante pareciera ser natural pero no lo es; sin embargo, es hermosa y vale mucho la pena ver.

El pueblo tienen tintes de ser pesquero por la presa que está al lado sin que lo sea, empero, lo que llama mas la atención es el colorido de sus calles, el zócalo que existe en todas sus paredes en forma de animales y personas, así como la forma de sus calles. Se trata de un pueblo típicamente colombiano, con un aire de seguridad distinto al de otros lugares.

Finalicé mi viaje en esta ciudad regresando de Guatape y tomando el tranvía muy moderno que cruza la ciudad. Me moví en Uber rumbo al Poblado, en una zona de pura fiesta internacional. Los mojitos de lulo son buenísimos.

 

Saludos y buen viaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *