La Habana

Pensar en Cuba me provoca nostalgia. El tiempo perdido, la austeridad y las mejores épocas de un capítulo en la historia que se sigue escribiendo. Estar en Cuba da la sensación de poder regresar en el tiempo, es como estar en Miami durante los 60’s. La gente de la Habana es muy alegre, hay mucho arte, salsa en vivo por donde vayas y todos los mojitos que necesites para soportar el calor.

Es uno de los viajes que más me ha marcado, en especial, en la parte de valorar lo que tenemos y ver el vaso siempre medio lleno. Decidí hacer este viaje porque creo que ahora es el tiempo de ir a Cuba, después, seguro sólo quedará una versión americanizada de la isla. Es de los muy pocos lugares a los que si no vas ahora, probablemente no puedas vivir la experiencia.

Pero bueno, dejando a un lado la poesía, la Habana es una ciudad muy colonial, con un desteñido glamour de la época dorada, plasmada por un lienzo todavía vivo que reclama el color de la ciudad.

Para este viaje decidí reservar con la mejor agencia de viajes, en lo que a Cuba se refiere: Viñales Tours. Aparte del buen servicio y los competitivos precios, tienen más inventario que en muchas páginas de la web y que muchos hoteles; te tramitan la visa, tienen traslados aeropuerto-hotel-aeropuerto y te ofrecen también un seguro de gastos médicos, ya que la mayoría de los seguros no tienen cobertura en Cuba. Recomiendo al 100% reservar con ellos.

El hotel que me recomendaron y que yo les recomiendo es el Iberostar Parque Central, por lo céntrico y cercano que se encuentra el hotel de varios lugares turísticos, por el servicio y por el personal. Si tienes la oportunidad de visitar este hotel, te recomiendo reservar una habitación colonial, la cual está decorada con muebles de la época dorada de Cuba, con muy buen gusto y muy cómodo.

Después de dejar las cosas en el hotel y ponerme unos shorts, me subí al Plymouth Belvedere ’56 que renté para moverme por la ciudad, con un guía/chofer, el cual me iba contando y explicando todo lo que íbamos observando. La primer parada del viaje fue en el monumento a la revolución, después fue el Hotel Nacional de Cuba, donde pude conocer esta majestuosa propiedad llena de historia y cultura.

Otra atracción turística muy popular en Cuba son los show’s como el Tropicana o el Cabaret Parisien. Yo no tuve la oportunidad de ir, pero son muy recomendables.

Día 2

Después de un buen desayuno en el hotel y una taza de café negro salimos hacia la casa que usó el Ché Guevara como cuartel los meses que estuvo en la Habana, y al Castillo del Morro, que aparte de su historia, tiene unas vistas impactantes.

Para el calor, fuimos a la Bodeguita del Medio, el famoso bar donde se inventó el mojito, por unos shots para el calor y luego a caminar por la Habana Vieja y sus callejones, tienditas de suvenires y artistas callejeros. En caso de que te interese, no puedes dejar de pasar por la plaza de artesanos.

Si quieres conocer mejor el día a día cubano, ve a un supermercado donde no hay la abundancia que ves en otros lugares como turista, compra el periódico nacional Granma o Juventud Rebelde y entra a las tiendas poco turísticas como fruterías o panaderías y platica con los locales un rato.

Para no tener problemas, es muy recomendable fijar precios antes de tomar un servicio o consumir en algún establecimiento y estar bien informado sobre los lugares a los que vas.

Durante la tarde-noche, el bar Floridita, un clásico de la Habana, tiene música en vivo y muy buen ambiente. Allí nació el Daiquiri, que se hizo famoso gracias al escritor Ernest Hemingway, que frecuentaba mucho el lugar, tanto, que tiene su propia bebida: el papa Hemingway. Cuenta hasta con una estatua en la barra. ¡No se te olvide tomarte una foto!

Día 3

¿Cómo no dejar una mañana completa para ir a las hermosas playas del este y disfrutar del verde del mar mezclarse con el azul en el horizonte, fumando un habano y tomando ron en mojito o cuba (o las dos) y tomar el sol hasta dorarse?

Al regresar a la Habana, hay muchos lugares qué conocer, pero en coche, como la quinta avenida, la calle de las embajadas y Siboney, la zona residencial de los políticos, embajadores y acomodados.

Para el atardecer, caminar por el malecón es buena opción, ya que bajó el calor y se pueda pasear a gusto antes de otra noche entre mojitos y daiquiris en el Floridita, bailando bajo el son de la música y de preferencia, con un puro para caer rendido en el hotel, en espera de un buen descanso.

Último día

Me levanté medio crudo y con un nudo en la garganta. Se trataba del día de regreso a casa. Terminé de empacar, desayuné y salí para dar la última vuelta por la Habana Vieja, pensando en lo que me enseñó el viaje a este país austero donde la lucha y la esperanza son el pan de todos los días, donde todo está racionado para los locales mientras los turistas desperdician comida, donde la gente tiene hambre y no hay con qué llenarse. Sin darme cuenta, ya estoy camino al aeropuerto. Decido quedarme con un viaje a un lugar donde la gente es muy alegre, a pesar de las circunstancias, donde pase lo que pase siempre hay una sonrisa que nadie te puede quitar, donde la amabilidad no cuesta y no tiene precio, donde la esperanza y ganas de trabajar salen con el sol todos los días, con esa Cuba me quiero quedar en la mente y el corazón todos los días. Me despedí también del chofer que me acompañó en esta aventura y entré al aeropuerto.

 

Saludos y buen viaje

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